Ir al contenido principal

Es hora de un nuevo pacto social

 

Cristina de la Torre 


En estas elecciones resuena un movimiento de placas tectónicas en la política, un enfrentamiento de fuerzas contrarias que, siempre encubierto por la rivalidad entre los partidos tradicionales, cobra por vez primera vida propia como real opción de poder. Pese a las altisonancias de lado y lado en la campaña, el mentor del cambio no busca la revolución sino la reforma. Tan atornillados han quedado el capitalismo salvaje y sus favorecidos, que la más leve enmienda les resulta anatema. Escándalo. Amenaza demoníaca contra la democracia y la propiedad. Pero lo mismo agonizan los partidos del establecimiento que los de la izquierda ortodoxa. La nueva izquierda rompió con el comunismo y viró hacia la socialdemocracia; la paz con las Farc la liberó del dogma estalinista y podría ahora ocupar la silla de Bolívar. Gracias también a la solidez de las instituciones que a pesar de sus vacíos sustentan la democracia en este país, una involución al comunismo es sólo fantasía de propaganda que las élites más retardatarias menean, por ver de conservar sus privilegios.

No es homogénea la clase dirigente. Teme el gran empresariado al cambio de modelo económico que Petro traería, sí, pero sus posturas van de la coacción delictiva a la discusión democrática de una estrategia de desarrollo. Mientras un canallesco Sergio Araújo impone el voto a sus empleados so pena de cortarles el trabajo, Bruce Mac Master y María Claudia Lacouture —presidentes de la ANDI y de Aliadas— sorprenden al abrir diálogo con quien resulte electo presidente. El primero propone una estrategia de doble carril: superar la pobreza y robustecer al empresariado, mediante refocalización de los subsidios del Estado y una política integral de desarrollo industrial. Petro comparte esta perspectiva. Con matices. Sostiene que el modelo económico ha de afirmarse sobre la producción nacional en el agro y la manufactura, y no en la explotación de hidrocarburos, que deberá declinar con el tiempo. Propende (con Carlos Lleras) a la sustitución de importaciones, mediante protección temporal de la producción propia. Reindustrializar, empezando por renegociar el TLC.

Es que este ensancha la desindustrialización del país, ahonda su déficit comercial y compromete su seguridad alimentaria. En 10 años del Tratado con Estados Unidos, nuestras exportaciones a ese país se redujeron a la mitad. Sus inversiones aquí son en el sector energético, ni crean empleo ni arrojan beneficio financiero significativo. Por eso propone Petro renegociarlo: para relanzar la industrialización y el desarrollo agrícola, escoltados por una banca pública y de fomento en los sectores productivos de la economía, por una reforma tributaria progresiva y sin impuestos (o muy pocos) a las empresas.

Recaba Lacouture en la necesidad de un propósito común de Gobierno y empresarios labrado en diálogo democrático entre las partes. Si se convidara también a los trabajadores, ¿no se configuraría el modelo de planificación concertada que en un tiempo se ensayó y que rigió en el Estado social de Europa y Norteamérica? Impacta la comparación de Marcela Meléndez, del PNUD, entre Colombia y Finlandia, países que en 1975 ofrecían el mismo nivel de desarrollo. Hoy el hambre hermana a nuestro país con Haití, mientras el escandinavo presenta uno de los mayores PIB del mundo. “La gran diferencia —escribe— está en una élite que entendió el desarrollo y la igualdad como una ventaja para sí misma y que, en cambio (de proteger) espacios privados para su propio bienestar, (impulsó) la construcción de un país igual para todos”. He aquí el principio socialdemócrata que inspira a Petro, pilar de un nuevo pacto social que arranque a Colombia del sufrimiento y la miseria. Construido en hermandad de compatriotas y sin la sangre que toda revolución acarrea.

Cristinadelatorre.com.co

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El deseo según Deleuze

Por Maite Larrauri, Editorial Tándem. (...) A través de su crítica al psicoanálisis, Deleuze y Guattari tienen la pretensión de establecer un nuevo concepto de deseo, de inventar un concepto que sea como un personaje de la literatura, un gigante de la vida. Como nuevo personaje que es, entra en liza con la idea preexistente, la que sostiene nuestro lenguaje y nuestra cultura, según la cual el deseo es un movimiento hacia algo que no tenemos: el deseo se manifiesta ante una falta, una carencia, y la satisfacción del deseo reside en la posesión de aquello que nos falta. Por lo tanto pensamos que lo satisfactorio es no desear, que es más feliz quien no desea porque eso significa que no le falta nada. Una concepción del deseo como carencia de algo siempre vincula el deseo al objeto: deseo esto o esto otro, deseo a tal persona, deseo estudiar esa carrera… Y como concebimos al mismo tiempo que existen objetos malos y objetos buenos, juzgaremos que un deseo es bueno o malo según la nat...

Protesta pacífica versus protesta violenta

  Por:  Catalina Ruiz-Navarro 5 may 2021 - 10:00 p. m. En los últimos días escuché que alguien comparaba los “actos vandálicos” de las protestas contra la reforma tributaria con un “berrinche del hijo contra sus padres”. El símil es diciente de lo que muchas personas piensan de la protesta social: el Estado es “el padre” y los y las protestantes son “menores de edad” que exageran con sus métodos para “llamar la atención”. Si tan solo hicieran sus exigencias de una forma “madura” y “razonable”, “sin gritar”, todo sería más fácil porque se ganarían el respeto del padre que premiará sus “buenos modales”, tratándolos como iguales. Pero protestar por la garantía de los derechos humanos no es “hacer un berrinche”, es la única opción, pues lo que espera detrás del hambre, la enfermedad y la pobreza es la muerte. No hay un “padre benévolo que quiere lo mejor para nosotros”, hay una concentración desigual de poder en ciertos grupos que quieren acaparar más poder al explotar al res...

Víctor Jara

 Víctor Jara fue un músico, cantautor, profesor, escritor y director de teatro chileno, considerado como uno de los máximos exponentes de la nueva canción chilena, un movimiento musical y social que expresaba las aspiraciones y demandas del pueblo chileno en los años 60 y 70. Jara nació el 28 de septiembre de 1932 en la provincia de Ñuble, en el seno de una familia campesina. Su madre, Amanda Martínez, le enseñó a tocar la guitarra y le transmitió el amor por el folclore. Su padre, Manuel Jara, los abandonó cuando él era niño y murió alcohólico. Jara quedó huérfano a los 15 años y entró al Seminario Redentorista de San Bernardo, donde descubrió su vocación artística. Luego ingresó a la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, donde se formó como actor y director. Allí conoció a Violeta Parra, quien lo acogió como discípulo y lo introdujo en el mundo de la música popular. Jara se casó con la bailarina inglesa Joan Turner, con quien tuvo una hija llamada Manuela. Jara inició su ...